Salir del miedo.

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¿Has observado alguna vez a los niños/as cuando se les cuenta un cuento o una historia de miedo? ¿Te recuerdas quizás a ti mismo/a cuando te las contaban? 

El niño/a se evade de la realidad de donde físicamente se encuentra… y toda su atención, todo su ser se mete por completo en la historia. Se zambulle en ella arrastrado por la imaginación creyéndose el protagonista e interiormente vive las aventuras y desventuras narradas.  De la misma manera…¿has observado a un niño cuando cree que hay un monstruo en su habitación? llega inclusive a taparse la cabeza con la sábana, su cuerpo se pone  igualmente en tensión y no se atreve a moverse. En esta ocasión es el niño quien “se cuenta” a sí mismo una historia de terror.  El padre o la madre llega a la habitación y al ver el niño así, no puede cuanto menos sonreirse al comprobar que en verdad no hay  motivo para que el pequeño se sienta asustado.

Si años más tarde le contamos aquella misma historia al niño/a… ya no se la cree, no se zambulle en ella al verla como absurda, irreal, aburrida y sencillamente se pondrá con otra cosa. Pero entonces… ¿qué ha cambiado si la historia es la misma? Ya no le interesa ni le llega.  Es capaz de ver la historia desde la barrera, como si la mirara desde el exterior, por lo que no puede afectarle ni ser arrastrado por ella.

 De adultos… no somos tan distintos a ese niño pequeño. Sólo que hemos cambiado los miedos (ya no son aventuras ni monstruos), aunque los vivimos de la misma manera.  Miedo a ser insignificantes, cometer errores, no recibir de los demás lo que creemos necesitar, que nuestra opinión no sea tomada en consideración, miedo a una enfermedad… Cada uno tiene los suyos propios.

 Y al igual que el niño… nos asustamos de historias contadas por nuestra imaginación en relación a esos miedos. Somos nosotros quienes “leemos” esas narraciones, fíjate cómo tú eres el lector y es la historia lo leído. Detente dos minutos antes de continuar leyendo para tratar de comprender y visualizar bien esto último.  

Historias que son del todo de ciencia ficción y que traducimos en preocupación por si pudieran hacerse realidad. Nos zambullimos en ellas y nuestra mente se marcha al futuro tratando de predecirlo, como si fuéramos clarividentes, llevados en el fondo por una falsa ilusión de tratar de reducir la incertidumbre que la propia historia nos genera. 

Pero fíjate cómo es el modo en que “leemos” esas historias de ficción el que hace que nos veamos afectados o no. Y la prueba de ello es que hay personas que ante esas mismas historias, que quizás se le puedan cruzan por la cabeza, no se ven afectadas lo más mínimo. Y eso es debido a que hay infinidad de maneras de percibir un mismo hecho, pensamiento o sensación. Pero independientemente de cómo lo percibamos, de la lectura que hagamos, démonos cuenta de que la realidad nunca cambia. Una cosa es la historia que nos cuenta nuestra imaginación y otra muy distinta la realidad, ya que… ¡no van a existir realidades distintas en función de nuestra imaginación! al igual que hace el niño asustado bajo las sábanas, que está viviendo una realidad ficticia e irreal. No hay cuarenta realidades. Lo real es lo real. Por mucho que imaginemos que la nieve sea verde seguirá siendo blanca.

Como hemos visto, ante el cuento que la imaginación nos narra, hay dos actitudes que podemos adoptar. Si adoptamos la disposición del niño pequeño de zambullirnos en la historia, de seguir su transcurrir… inevitablemente nos llevará al sufrimiento e incluso el pánico.  Si adoptamos la actitud del niño más grande, de verla desde la barrera, sin meterse en ella… terminará siendo tan sólo lo que es: un cuento, una historia,… una mentira… que tenderá a desmoronarse, quedándonos así “libres” de ella.

Acércate con ternura al niño o la niña que fuiste, abrázalo… y dile  que sólo era un cuento, una mala historia contada por la imaginación. Dile que puede dejar de temer, pues la realidad… es que todo está bien, siempre lo estuvo.

5 comentarios en “Salir del miedo.

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