¿Bueno?… ¿malo?

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Permitidme esta noche contar una historia de la sabiduría oriental.  Muchas veces este tipo de historias se convierten en auténticas brújulas que orientan nuestro camino.

“Un día el emperador Akbar y su gran visir Birbal salieron muy de mañana camino de la selva.  Iban a la caza del tigre de Bengala.

El emperador marchaba delante, queriendo descubrir entre la maleza la presencia del tigre; pero -¡qué mala suerte!- se le disparó el fusil, y se hirió en un dedo.  La cacería había terminado para él; ya no podía manejar el fusil.  El visir Birbal le entablilló el dedo.  Mientras lo hacía le quiso animar con una serie de reflexiones: “Majestad, nunca sabemos qué es lo bueno y qué es lo malo”.  El emperador montó en cólera; no podía aguantar esa filosofía barata en aquel momento.  Lo arrojó a un pozo, debajo de unos árboles frondosos, y siguió su camino por la selva.

Pero le salió al encuentro un grupo de guerreros salvajes que buscaban una víctima para el holocausto a sus dioses.  Apresaron al emperador y emprendieron la vuelta al poblado con la víctima.  Cuando todo estaba preparado para el sacrificio humano, el hechicero se acercó al emperador; lo revisó con atención; no se podía ofrecer a los dioses una víctima que no fuera perfecta; y en cuanto que el hechicero se dio cuenta del dedo entablillado y determinó que no era una ofrenda digna de los dioses.  Lo soltaron.

Mientras que Akbar volvía solitario por el sendero, comprendió la sabiduría de aquellas palabras que le había dicho su visir Birbal: “Realmente lo que parecía malo, había sido muy bueno para él“.  Lloró de rabia y arrepentimiento, y se inclinó de rodillas delante del pozo a donde había arrojado a su fiel amigo.  Pero Birbal no había muerto. El emperador oyó que respondía a sus lamentos desde el fondo del pozo; le sacó lleno de alegría, y se arrojó a sus pies pidiéndole perdón.  El visir le contestó: “Majestad no tiene porqué pedirme perdón”, soy yo quien debe estar agradecido; me ha hecho un gran favor; le debo la vida.  Si no me hubiera arrojado al pozo, nos habrían capturado a los dos; su majestad se habría librado; pero yo sería ahora la víctima del sacrificio”.

¿Identificas algo en tu vida que creías malo y derivó en algo bueno? Piénsalo.

¿Qué conclusiones sacas de todo ello que te puedan servir de brújula en momentos difíciles?

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