Vivir en una carrera.

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Todos los grandes pensadores de la humanidad, jamás se quedaron en la superficialidad de las cosas.  Siempre fueron hacia la esencia, hacia aquello que iba más allá de los propios sentidos. De la misma manera que un poeta no se limita a describir físicamente una rosa.

Si vemos una semilla y sólo vemos la semilla en sí… no vemos esa inmensa fuerza que hay en su interior que hace que se convierta en esa obra maestra de la naturaleza que es el árbol.  Si vemos una gota de agua y sólo vemos la gota de agua, no seremos capaces de maravillarnos con su extraordinaria capacidad de transformar aquello que toca.

La vista, el oido, el tacto, el olfato y el gusto pertenecen al mundo de los sentidos.  Si nos quedamos sólo y exclusivamente en la mera información que nos llega, no podremos ir más allá.  Cuando sólo nos fijamos en la información que nos llega desde nuestros sentidos, nos situamos sólo en lo material, en el mundo de las apariencias.  Y sin querer, nos vamos aferrando a la idea de que la finalidad de nuestras vidas es la satisfacción de los sentidos. Es cuando entramos en una agotadora carrera de tratar de saciar el oido, el gusto, la vista, el tacto… nos rodemos de cosas materiales que en su mayoría no necesitamos y comenzamos a persequir objetivos como el status, el dinero… para tratar de saciarlos. Pero los sentidos son insaciables y tarde o temprano, terminamos por sentir un vacío, una extraña sensación de que en el fondo necesitamos algo más… aunque en ese instante no sepamos el qué.

Todo ello no quiere decir que debamos despreciar los sentidos, pues estos hacen que nos llegue una enorme riqueza del exterior y los necesitamos para interactuar con aquello que nos rodea. Pero ciertamente… no quedarnos sólo en la superficialidad de lo que percibimos, pues aquello que de verdad nos llena se encuentra en nuestro interior. Y sino… recuerda la última vez que quedaste atrapado/a por un paisaje. Aquel en el que te quedaste quieto, en silencio contigo mismo aunque fuesen sólo unos segundos. Seguro que tienes alguno en mente y que no olvidas. Pero… ¿por qué lo recuerdas? ¿por qué no lo olvidas? ¿por el paisaje en sí o por cómo te sentías?

Vuelve a ti… y sé tu propia semilla.

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